Clepsidra
Poema nacido del agua
Cíclope. Trémula luna de Rayuela.
Brotan todas las flores del beleño.
Afluente
Cuando digo tierra me refiero a sangre.
Algo tan evidente lo ignoraba hasta hoy.
Entonces, ¿por qué bombean las vísceras
todos estos insectos, vidrios sobre los muros?
Cuando digo arena me refiero a la angustia
va cayendo despacio hasta completarme.
Ahora no. Colapso. Bloqueo. Tronco seco.
Ponte ya los guantes, conviértete en Lamotta
a coces, alaridos, sacudida del cuerpo
desprenderse del vicio de dar vueltas:
matar al moscardón, que nada me apuñale.
Ahora toca cavar con una azada, desvaretar.
Ahora toca buscarse.
El cauce de un afluente.
Supermercado
Podéis estar tranquilas:
no me desangraré porque una piel adopte el color
de una playa cercana, o unos ojos escondan una llave,
una lengua esconda una cuchilla que corta el paladar.
No moriré por eso. Podéis dormir a pierna suelta.
Temisteis que quedase suspendido como un ventilador
¿En qué bar? ¿Con qué baile? ¿Cortando con las aspas?
Pero yo no cuelgo, no tengo práctica en, no calculo.
Moriré de algo vulgar (¿oxidación?) como las bicicletas,
como los toboganes demasiado pronunciados.
Algo así. Muerte de entre semana de ocho a tres.
¿Qué tal un lunes? En un supermercado con la tarjeta
extendida como una sonrisa. La cajera se coloca
el pelo hacia el lado, muestra unos labios frescos
sección de congelados, una mirada de oferta.
Moriré de algo parecido a un ataque de hambre.
Cerca
Sé que estás cerca porque huelo a hojarasca.
Durante la mañana el olor me ha aplastado,
enredado en mis propios nervios, lianas secas.
Sé que estás lejos, cerca, veo el teléfono mudo
desprendiendo olor a ramitas de bonsai:
quizás un naranjo o un sauce llorón sin lacrimal.
Hay humo y nada arde que sea digno
de mención: mis pies, o el vello de las piernas.
Abro la ventana y las llamas se arrojan a la calle
la ciudad arde desde las aceras buscando el río.
Lo siento por vosotros ignorantes del fuego
también por ti: pirómana.
Suena el teléfono.
CAUDAL
Hoy doy gracias por esta calma en el tórax y en la superficie del océano: gracias.
Te he encontrado en el punto más alejado de todo cauce fluvial sobre el asfalto
allá donde la luz de algún taxi proyecta al perro que come vorazmente camisetas.
Tú (me cuentas) eres la planta teñida en medio de la tundra que no busca el salitre.
Te ríes, siempre te ríes como si la luna espolvorease carcajadas desde un ventilador:
coreografía ensayada de plumas de oca esculpiéndote despacio la mirada en almíbar.
Te abrazo para escuchar el crujido de tus huesos sentirlos clavados en mi abdomen,
y porque a esta distancia escapo de los toldos y dejo que la noche me de alcance
como una navajera que está pasando frío.
También hay un caudal lejos del agua.
DESIERTO
Decía que su garganta era un desierto.
Decía… ¿Te habló de una casita en San Francisco?
Lejos de Nevada, (el desierto no debe repetirse)
Decía...Decía beber y no saciarse, decía bendecir
el líquido, postrarse de rodillas en los charcos.
Y estaba convencida de que yo…Me llamó fuente
por tener humedad bajo los párpados, uñas azules.
Pero yo…era el vaso, era el jarrón, era la copa
que cae al suelo desde sus manos torpes.
ASCUAS
La mujer de ascuas teme al hombre mojado.
PEONZA
Otra vez envoltorio dejándose mecer como un columpio
¿Qué te contiene? Huyes del mármol, del ancla y sus fatigas
¿Qué te contiene entonces? ¿Este girar pausado de peonza?
Huir, obligatoriamente, huir sin ganas, escapista a la fuerza.
Toparse fugazmente con frágiles antenas y continuar girando.
PEZ REMOTO
Sólo vine a ver el jardín donde alguien moría por culpa de algo que no pasó o de alguien que no vino
Alejandra Pizarnik
¿Son bonitos mis ojos? ¿Y son verdes?
Le miento así con preguntas de nácar.
Me divierte, pequeña, gota de un bosque
talado, ver como tu cuerpo crece
con el descubrimiento, tiembla tu voz.
Y qué me importan mis colores
si quiero que me pintes, pez remoto.
Si quiero que te quedes, que te quedes
muy quieta, no quiero que te mueras
aunque sea la manera, la única manera
de que no te deshagas en la próxima ola.
PERO ESTÁ OSCURO
Se cierra una puerta y se cierra otra y otra.
Y el puente levadizo del castillo se cierra
y el agujero en la alambrada se cierra
como si fuese un tejido. Desolladuras
con polvos de sulfatiazol y soplo.
La única escotilla abierta se cierra
Sólo queda el mareo, este vaivén helado.
(Hay más peces en el mar pero está oscuro)
Dios aprieta hasta hacerte toser y sigue.
Tiene un tapón de cera.
