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Paraisos dormidos
No sólo duermen los párpados, el cerebro, las extremidades relajadas, rem, pulso que se dilata, corazón que bombea parsimonioso y rítmico. Duermen las vidas, las épocas, los mismos sueños duermen en el lecho cerrado de la memoria.Universo propio y ajeno

Hace dos semanas recogieron esta fruta del Patio de los Naranjos, (unos naranjos entre los que yo imaginaba la imposible imagen del Califa y que más tarde supe que fueron plantados en el XVIII). Esas naranjas servirán para hacer la mermelada amarga que tanto gusta en el norte de Europa. También el aceite cuando es de buena calidad, y aquí es lo habitual, deja en el paladar un regusto amargo. Después de ocho años he llegado a la conclusión de que quizás esta sea lo que mejor define a esta tierra; el contraste en extremo: dulce y amargo, bello y amargo. Y este naranjo cuya copa parece acabar de explotar lanzando sus frutos amargos al vacío, como un pequeño big ban que crease un universo hecho de azahar y desempleo, me recuerda que soy un forastero.
