CAUDAL
Hoy doy gracias por esta calma en el tórax y en la superficie del océano: gracias.
Te he encontrado en el punto más alejado de todo cauce fluvial sobre el asfalto
allá donde la luz de algún taxi proyecta al perro que come vorazmente camisetas.
Tú (me cuentas) eres la planta teñida en medio de la tundra que no busca el salitre.
Te ríes, siempre te ríes como si la luna espolvorease carcajadas desde un ventilador:
coreografía ensayada de plumas de oca esculpiéndote despacio la mirada en almíbar.
Te abrazo para escuchar el crujido de tus huesos sentirlos clavados en mi abdomen,
y porque a esta distancia escapo de los toldos y dejo que la noche me de alcance
como una navajera que está pasando frío.
También hay un caudal lejos del agua.
