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Recursos humanos
Al fin lo he decidido: ignoraré la lluvia,
esquivaré los charcos silbando una canción
que celebre la pulcritud del mármol,
la belleza inexacta de las estalactitas.
Zigzaguearé las plantas cabizbajas,
abatiré las luces que me sigan
a fuerza de placajes.
Cercenaré el candor de la luciérnaga.
¿Le importa a alguien?
Que levante la mano el voluntario
a recibir mis golpes,
mis duelos, mis ausencias.
Aprendí a delegar.
Circo
Qué buen funambulista sobre tu filo.
Camino con firmeza, mirada al frente
y nada me detiene, ni la brisa del norte
ni el grito de las niñas que esperan
el zarpazo.
Impertérrito ante las amenazas,
soy el preso musculado que ejercita
su soledad hasta domarla,
dócil como un perrito que lame al amo.
Filo de mis ideas
cómo cortas los pies pero camino,
a veces troto incluso, mirada al frente
y nada me detiene. Burbujea la sangre
y hace cosquillas, y río sin caer.
A veces río.
Camino

Solo.
Vaciado el núcleo
a cucharadas de dolor,
sólo las cáscaras
amontonadas en la arena
a expensas de un capricho
infantil: un soplo, una patada
dan fe de lo que fue:
tierra mojada,
pizarra que rechina,
lengua y bandera,
peso en los hombros.
El viento las eleva
hacia el chorro de luz
del acantilado
y devienen camino,
rocas.
