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Ríos
Miro mis manos y las entrego así:
las doy abiertas, enormes como cuencos
unidas entre sí como muros sellados.
Mis manos pueden sostener un río
que nunca se desborda.
En mis manos se bebe, riegan la tierra
suavizan el calor de las tardes de julio
y se las doy así abiertas y capaces
dueñas de la noche que intenta en vano
filtrarse entre los dedos.
Pero y la luz, ¿es mía o llega de ese faro?
¿Por qué no la detengo con los dientes,
la encierro en una jaula y la someto?
¿Por qué recodos regresa hacia mi núcleo?
Me parte en dos, la luz, cuando me alcanza
rompe mis manos como si fuesen puzzles.
El río se desborda e inunda las ciudades
y todo es agua ya, todo se limpia
y todo es luz que fluye de sus manos.
Génesis
En alguna parte debe de haber agua, tiene que llegar de alguna parte, destruir la incandescencia, la soledad que cuartea el aliento. Por alguna parte debe brotar, el agua, buscar las rendijas de los muros, agua mansa que cubra tanta sombra ígnea. A raudales debe irrumpir el agua, destrozar los cimientos de este suelo que abrasa. Debe caer el agua, el mar entero debe caer de golpe y anegar los tejados que enarbolan el fuego. Aunque no seamos más que una masa apelmazada que se deshace herida, ha de llegar el agua, debe llegar el agua a coronar los sueños. Debe surgir el agua de entre las sombras ígneas.
