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PERO ESTÁ OSCURO
Se cierra una puerta y se cierra otra y otra.
Y el puente levadizo del castillo se cierra
y el agujero en la alambrada se cierra
como si fuese un tejido. Desolladuras
con polvos de sulfatiazol y soplo.
La única escotilla abierta se cierra
Sólo queda el mareo, este vaivén helado.
(Hay más peces en el mar pero está oscuro)
Dios aprieta hasta hacerte toser y sigue.
Tiene un tapón de cera.
PEZ REMOTO
Sólo vine a ver el jardín donde alguien moría por culpa de algo que no pasó o de alguien que no vino
Alejandra Pizarnik
¿Son bonitos mis ojos? ¿Y son verdes?
Le miento así con preguntas de nácar.
Me divierte, pequeña, gota de un bosque
talado, ver como tu cuerpo crece
con el descubrimiento, tiembla tu voz.
Y qué me importan mis colores
si quiero que me pintes, pez remoto.
Si quiero que te quedes, que te quedes
muy quieta, no quiero que te mueras
aunque sea la manera, la única manera
de que no te deshagas en la próxima ola.
PEONZA
Otra vez envoltorio dejándose mecer como un columpio
¿Qué te contiene? Huyes del mármol, del ancla y sus fatigas
¿Qué te contiene entonces? ¿Este girar pausado de peonza?
Huir, obligatoriamente, huir sin ganas, escapista a la fuerza.
Toparse fugazmente con frágiles antenas y continuar girando.
ASCUAS
La mujer de ascuas teme al hombre mojado.
DESIERTO
Decía que su garganta era un desierto.
Decía… ¿Te habló de una casita en San Francisco?
Lejos de Nevada, (el desierto no debe repetirse)
Decía...Decía beber y no saciarse, decía bendecir
el líquido, postrarse de rodillas en los charcos.
Y estaba convencida de que yo…Me llamó fuente
por tener humedad bajo los párpados, uñas azules.
Pero yo…era el vaso, era el jarrón, era la copa
que cae al suelo desde sus manos torpes.
CAUDAL
Hoy doy gracias por esta calma en el tórax y en la superficie del océano: gracias.
Te he encontrado en el punto más alejado de todo cauce fluvial sobre el asfalto
allá donde la luz de algún taxi proyecta al perro que come vorazmente camisetas.
Tú (me cuentas) eres la planta teñida en medio de la tundra que no busca el salitre.
Te ríes, siempre te ríes como si la luna espolvorease carcajadas desde un ventilador:
coreografía ensayada de plumas de oca esculpiéndote despacio la mirada en almíbar.
Te abrazo para escuchar el crujido de tus huesos sentirlos clavados en mi abdomen,
y porque a esta distancia escapo de los toldos y dejo que la noche me de alcance
como una navajera que está pasando frío.
También hay un caudal lejos del agua.
