Se muestran los artículos pertenecientes al tema la nada me contiene.
Clepsidra
Poema nacido del agua
Cíclope. Trémula luna de Rayuela.
Brotan todas las flores del beleño.
Afluente
Cuando digo tierra me refiero a sangre.
Algo tan evidente lo ignoraba hasta hoy.
Entonces, ¿por qué bombean las vísceras
todos estos insectos, vidrios sobre los muros?
Cuando digo arena me refiero a la angustia
va cayendo despacio hasta completarme.
Ahora no. Colapso. Bloqueo. Tronco seco.
Ponte ya los guantes, conviértete en Lamotta
a coces, alaridos, sacudida del cuerpo
desprenderse del vicio de dar vueltas:
matar al moscardón, que nada me apuñale.
Ahora toca cavar con una azada, desvaretar.
Ahora toca buscarse.
El cauce de un afluente.
DESIERTO
Decía que su garganta era un desierto.
Decía… ¿Te habló de una casita en San Francisco?
Lejos de Nevada, (el desierto no debe repetirse)
Decía...Decía beber y no saciarse, decía bendecir
el líquido, postrarse de rodillas en los charcos.
Y estaba convencida de que yo…Me llamó fuente
por tener humedad bajo los párpados, uñas azules.
Pero yo…era el vaso, era el jarrón, era la copa
que cae al suelo desde sus manos torpes.
ASCUAS
La mujer de ascuas teme al hombre mojado.
PEONZA
Otra vez envoltorio dejándose mecer como un columpio
¿Qué te contiene? Huyes del mármol, del ancla y sus fatigas
¿Qué te contiene entonces? ¿Este girar pausado de peonza?
Huir, obligatoriamente, huir sin ganas, escapista a la fuerza.
Toparse fugazmente con frágiles antenas y continuar girando.
Isla
Y si lo haces mencióname así: isla
caprichosa, huidiza, volcánica
fernandina, emergiendo un pedazo
ahora y luego otro, quién sabe cada
cuánto y cuándo. Pero hay mar aquí,
esa es la única certeza, vaivenes
y un triángulo, esquinas, aristas
desde donde nada se ve llegar.
Isla, ¿tan difícil es entenderlo?
Pues ya lo sabes: dilo como sea
dilo esta vez a gritos: ¡isla!
que también se hunde (según)
se va al fondo, es un poso
una sábana de las dorsales
deja de verse al fin (¿qué buscas?)
Pero yo te lo digo desde abajo
desde más abajo aún, cóncavo
agujero, yo te lo digo tragando
peces transparentes: isla, isla.
Autopista
Por la gruesa autopista
los coches son fanales, luces entre la niebla.
Un enjambre veloz que fluye como savia.
Nadie camina al margen,
rotundos quitamiedos anulan el paisaje
te desguazan el alma si intentas alcanzarlo.
Es la línea trazada,
debes seguir de frente, evitar el cansancio.
Si sigues al volante tendrás una mujer
rozándote la nuca con sus dedos,
buscará en el dial la música apropiada.
Por el retrovisor surgirán las cabezas
de los niños inquietos.
Sus juegos y peleas te insuflarán aliento.
Es la vía veloz que hicieron tus mayores.
La cuneta es residuo de coches averiados.
Más allá los caminos que buscan la autopista.
Camino

Solo.
Vaciado el núcleo
a cucharadas de dolor,
sólo las cáscaras
amontonadas en la arena
a expensas de un capricho
infantil: un soplo, una patada
dan fe de lo que fue:
tierra mojada,
pizarra que rechina,
lengua y bandera,
peso en los hombros.
El viento las eleva
hacia el chorro de luz
del acantilado
y devienen camino,
rocas.
Dame fuego
Hola Paula, ahí va una raya más.
Demasiado humo. Demasiadas habitaciones en penumbra que se iluminan a golpe de mechero. Demasiadas sábanas enrolladas en los cuerpos desnudos. Demasiado cine. Demasiados músicos sosteniendo el cigarro en el mástil de la guitarra. Demasiados niños robando cigarrillos al viejo del quiosco. Demasiados gangsters de corazón noble que expiran el humo observando el Hudson. Demasiado humo suspendido en los ventiladores del techo de los bares. Demasiado cowboy escupiendo. Demasiada mujer fatal sosteniendo una larga boquilla con elegancia. Demasiados adolescentes inseguros jugando a tipos duros del barrio. Demasiado hijo de puta hablando de libertad de elección. Demasiado whisky doble, o con soda, en celuloide, blanco y negro, fotos de Pim Up. Demasiado cine. Demasiados abuelos orgullosos de ver a sus nietos hacerse hombres a golpe de zippo en los tejanos. Demasiado humo.
HIMNO
Yo no bailo tu música
Yo no soplo tu armónica
Yo no araño la tierra
Con los ojos cerrados
Yo no cierro los puños
Yo no señalo a nadie
Yo no agito colores
Como si fuesen llamas
Yo no enciendo la pira
Que alimenta tu sueño
Yo no sueño con rabia
Yo no subo al andamio
Que levanta ese muro
Yo no canto ese himno
Que revienta las sienes
Yo no escucho consignas
Yo no hablo en tu iglesia
Yo no lanzo ese hueso
Que se clava en el vientre
Yo no invoco a los dioses
Yo no azuzo a los perros
Yo no arrojo a los niños
Yo no lavo uniformes
yo no piso tu alfombra
Yo no peso monedas
Yo no siembro cipreses
Yo no ondeo cadáveres
Yo no bailo tu música.
RAIZ
Caminé los olivos hilera tras hilera
Me detuve a observar las hojas puntiagudas
Los hombres vareaban las copas en invierno
y cuando terminaron fueron al bar de siempre
y yo pasé de largo.
Llegué al mar esa tarde y estaba bullicioso
Los barcos de bajura atracaban en puerto
Las toallas formaban banderas en la arena
Los cuerpos extendidos no invitaban al tacto
Y yo pasé de largo.
En la plaza del norte la noche era un susurro
El viento traía incienso de los bosques cercanos
Las sillas y cadenas ocupaban el centro
Y la gente acudía a cantarle a la estatua
Y yo pasé de largo.
LINEA RECTA
Soy
un castillo de naipes que apenas se sostiene,
una cadena humana bajo el calor de agosto:
las manos sudorosas obligan a un esfuerzo
que te deja sin aire.
Soy
una línea recta formada por infinitos puntos
con los rostros curtidos de mis antepasados;
cavan con sus azadas surcos en mis arterias,
debilitan mis órganos.
Columnas invertidas se clavan en mi abdomen,
el peso de la historia me aplasta sobre el mapa.
No siempre es soportable vivir con multitudes:
si te vas a una plaza se agolpan en la fuente
ocupan las aceras, ensucian los zaguanes
interponen sus cuerpos entre el sol y el paisaje
proyectando una sombra que todo lo oscurece.
