Se muestran los artículos pertenecientes al tema mapa del agua.
PEZ REMOTO
Sólo vine a ver el jardín donde alguien moría por culpa de algo que no pasó o de alguien que no vino
Alejandra Pizarnik
¿Son bonitos mis ojos? ¿Y son verdes?
Le miento así con preguntas de nácar.
Me divierte, pequeña, gota de un bosque
talado, ver como tu cuerpo crece
con el descubrimiento, tiembla tu voz.
Y qué me importan mis colores
si quiero que me pintes, pez remoto.
Si quiero que te quedes, que te quedes
muy quieta, no quiero que te mueras
aunque sea la manera, la única manera
de que no te deshagas en la próxima ola.
Apocalipsis
Sidney no ha sido la primera en cubrirse de arena,
antes fueron marismas, acuíferos, peceras de cristal
debidamente iluminadas en la base.
Las branquias se llenaron de la tristeza seca
que llega desde África. Y las branquias no escupen.
Este es el fin de las formas mojadas.
Este es el fin.
Nada se ha hundido de manera solemne,
no ha habido capitanes erguidos en la popa,
no ha habido mascarones chocando con las algas.
Ha sido un fin sincero sin medida de tiempo,
sin grados, ni erosiones, sin aviso, sin lírica.
Alguien pintó una línea que derivó en un círculo,
alguien le prendió fuego con válvulas mitrales.
Nosotros, escorpiones, nos quedamos adentro.
Mapa del agua
No la saliva que cauteriza el paso de la llama
si no el escupitajo de vidrio que raja las mejillas.
No la lluvia que rueda por los torsos trenzados
si no el granizo que golpea las espinas dorsales.
No las secreciones que diluyen los cuerpos
en el recinto de la noche
si no los ácidos que devastan los órganos
en la sordidez del cuadrilátero.
No el chorro trémulo que la felicidad ondea
entre sus ramas
si no las gotas que acaban perforando la línea
de la boca.
No el líquido
si no el vapor.
Formas abrasivas que escapan de nosotros
para buscar el centro de las sombras.
Otro mapa del agua.
Subterránea
También es subterránea
Y se mueve estertórea debajo de los pies
circulando entre yeso .
Aún así, aún así, aún así
estás flotando encima
como un balón rajado.
Apagas otra vela con la lengua.
Alegría
No volveré a esquivarte .
Escribiré tu nombre
con letras adhesivas
para cubrir fachadas
y transeúntes.
¿Por qué negarte
cuándo escribo?
¿Por qué tanta canción
llenando tanatorios?
Hablaré de tu nombre
cada vez que me invadas
con tu pequeño ejército
de sonrisas azules.
Cada vez que la lluvia
descargue sobre mí
su tango de cristales.
Cada vez que me besen
tus semillas de amianto.
Te cantaré en mi cuarto
asomado al espejo.
Retirando los restos
de una cena de luces.
Buceando en la copa
de un escote que tiembla.
Me mojaré por ti
y arañarán mis zarpas
Las caras de la muerte.
Aléjate
Aléjate,
si una nube puede ocultar tu corazón
mi alegría te aplastará contra las rocas.
Nadar
Nadar.
Cruzarte las orillas,
sumergirme en tu copa
anidar en tu espalda.
Beber nadando
inflando los pulmones
para abrirte un camino
en esta gruta
que el miedo desafía.
Vencer el frío
nadarte en pleno invierno.
Nadar sin nada
con la sed en los párpados
asfixiarme de sed
en medio de la lluvia.
Beberte brazo a brazo
flotar sobre tu filo
tragarme tus temblores.
Temblar, nadar
ser el agua que nada
agua que bebe
que cruza tus orillas.
Lluvia
Tienes miedo a la lluvia
Te escondes en los pórticos,
en medio del desierto,
jadeando en peajes.
Pero la lluvia insiste:
azota las ventanas
lame cartílagos,
deshace las aceras.
Y si la niegas…
te cubrirá la sombra
y basta un parpadeo
para extender su manto.
(Si al menos esos ojos
no fuesen un punzón
en medio de la celda)
La sombra tiene fauces
tú has sentido su aliento.
El otoño pasado
te secó las arterias,
ya no tuviste lágrimas
con que matar la tarde.
Que te alcance la lluvia,
que te parta la cara gota a gota,
que te ampute temblores
que seas sólo un tronco
reptando por las calles,
que te sorprenda el día
con el cuerpo crecido
junto a un árbol.
Génesis
En alguna parte debe de haber agua, tiene que llegar de alguna parte, destruir la incandescencia, la soledad que cuartea el aliento. Por alguna parte debe brotar, el agua, buscar las rendijas de los muros, agua mansa que cubra tanta sombra ígnea. A raudales debe irrumpir el agua, destrozar los cimientos de este suelo que abrasa. Debe caer el agua, el mar entero debe caer de golpe y anegar los tejados que enarbolan el fuego. Aunque no seamos más que una masa apelmazada que se deshace herida, ha de llegar el agua, debe llegar el agua a coronar los sueños. Debe surgir el agua de entre las sombras ígneas.
Ríos
Miro mis manos y las entrego así:
las doy abiertas, enormes como cuencos
unidas entre sí como muros sellados.
Mis manos pueden sostener un río
que nunca se desborda.
En mis manos se bebe, riegan la tierra
suavizan el calor de las tardes de julio
y se las doy así abiertas y capaces
dueñas de la noche que intenta en vano
filtrarse entre los dedos.
Pero y la luz, ¿es mía o llega de ese faro?
¿Por qué no la detengo con los dientes,
la encierro en una jaula y la someto?
¿Por qué recodos regresa hacia mi núcleo?
Me parte en dos, la luz, cuando me alcanza
rompe mis manos como si fuesen puzzles.
El río se desborda e inunda las ciudades
y todo es agua ya, todo se limpia
y todo es luz que fluye de sus manos.
