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Violencia gratuita
Antes de cada puñalada hay una sonrisa
Cae de la boca y queda colgada en el cuchillo
Sonrisa y acero se adentran juntas en la carne
Este es mi último descubrimiento, a mis años.
Ahora debería decir que me aparto
Que odio esta violencia gratuita
Que me asalta cada tanto en la puerta de casa
Vestida como una paloma sucia en un dintel.
Pero ya soy un hueco y nada puede hendirse
Entre las luces o en el trasiego del viento
Y este hecho llena de impotencia al asesino.
Unos brazos abiertos pueden ser un buen golpe.
Supermercado
Podéis estar tranquilas:
no me desangraré porque una piel adopte el color
de una playa cercana, o unos ojos escondan una llave,
una lengua esconda una cuchilla que corta el paladar.
No moriré por eso. Podéis dormir a pierna suelta.
Temisteis que quedase suspendido como un ventilador
¿En qué bar? ¿Con qué baile? ¿Cortando con las aspas?
Pero yo no cuelgo, no tengo práctica en, no calculo.
Moriré de algo vulgar (¿oxidación?) como las bicicletas,
como los toboganes demasiado pronunciados.
Algo así. Muerte de entre semana de ocho a tres.
¿Qué tal un lunes? En un supermercado con la tarjeta
extendida como una sonrisa. La cajera se coloca
el pelo hacia el lado, muestra unos labios frescos
sección de congelados, una mirada de oferta.
Moriré de algo parecido a un ataque de hambre.
Cerca
Sé que estás cerca porque huelo a hojarasca.
Durante la mañana el olor me ha aplastado,
enredado en mis propios nervios, lianas secas.
Sé que estás lejos, cerca, veo el teléfono mudo
desprendiendo olor a ramitas de bonsai:
quizás un naranjo o un sauce llorón sin lacrimal.
Hay humo y nada arde que sea digno
de mención: mis pies, o el vello de las piernas.
Abro la ventana y las llamas se arrojan a la calle
la ciudad arde desde las aceras buscando el río.
Lo siento por vosotros ignorantes del fuego
también por ti: pirómana.
Suena el teléfono.
CAUDAL
Hoy doy gracias por esta calma en el tórax y en la superficie del océano: gracias.
Te he encontrado en el punto más alejado de todo cauce fluvial sobre el asfalto
allá donde la luz de algún taxi proyecta al perro que come vorazmente camisetas.
Tú (me cuentas) eres la planta teñida en medio de la tundra que no busca el salitre.
Te ríes, siempre te ríes como si la luna espolvorease carcajadas desde un ventilador:
coreografía ensayada de plumas de oca esculpiéndote despacio la mirada en almíbar.
Te abrazo para escuchar el crujido de tus huesos sentirlos clavados en mi abdomen,
y porque a esta distancia escapo de los toldos y dejo que la noche me de alcance
como una navajera que está pasando frío.
También hay un caudal lejos del agua.
PERO ESTÁ OSCURO
Se cierra una puerta y se cierra otra y otra.
Y el puente levadizo del castillo se cierra
y el agujero en la alambrada se cierra
como si fuese un tejido. Desolladuras
con polvos de sulfatiazol y soplo.
La única escotilla abierta se cierra
Sólo queda el mareo, este vaivén helado.
(Hay más peces en el mar pero está oscuro)
Dios aprieta hasta hacerte toser y sigue.
Tiene un tapón de cera.
Sobre mojado
Llorar sobre mojado
¿hay algo más estéril?
Límites
Tienes razón,
ha ensanchado mis límites
hacia un lado y hacia el otro:
globo aerostático que se pierde
más allá de la luz,
enclenque batiscafo que dormita
más allá del oxígeno.
Pero también es cierto
que soy elástico
como unos pantalones deportivos
y retorno a mi núcleo
(algo más huero).
Río Amarillo.
La vida es a menudo un paraje remoto,
un lugar tan lejano como el río Amarillo.
Patético microbio que sufres para nada
y lo haces por todo,
deja dictar al cielo, a la bóveda pétrea
que te enjaula en su bote de certezas,
sus palabras sinceras.
Deja que fluya el verbo que administran
las nubes y recibe sus golpes.
Hombrecillo de nácar apenas existente:
la vida es a menudo un lugar amarillo.
Flamean los incendios y tiemblan alacranes
pero tú te amputaste la pinza de veneno
y te hiciste con ella las lentillas de amianto.
Deja que fluya el verbo
y recibe sus golpes.
Y recibe sus golpes.
Circo
Qué buen funambulista sobre tu filo.
Camino con firmeza, mirada al frente
y nada me detiene, ni la brisa del norte
ni el grito de las niñas que esperan
el zarpazo.
Impertérrito ante las amenazas,
soy el preso musculado que ejercita
su soledad hasta domarla,
dócil como un perrito que lame al amo.
Filo de mis ideas
cómo cortas los pies pero camino,
a veces troto incluso, mirada al frente
y nada me detiene. Burbujea la sangre
y hace cosquillas, y río sin caer.
A veces río.
Recursos humanos
Al fin lo he decidido: ignoraré la lluvia,
esquivaré los charcos silbando una canción
que celebre la pulcritud del mármol,
la belleza inexacta de las estalactitas.
Zigzaguearé las plantas cabizbajas,
abatiré las luces que me sigan
a fuerza de placajes.
Cercenaré el candor de la luciérnaga.
¿Le importa a alguien?
Que levante la mano el voluntario
a recibir mis golpes,
mis duelos, mis ausencias.
Aprendí a delegar.
A little bite in my heart
Quise someter al rayo y la tarántula
ahora siento quemadura y veneno
recorriendo el vacío.
Limpio y sincero.
"Estoy alegre o triste y ¿qué importa?,
¿a quién ayudaré?
¿qué salvación podré engendrar con un lamento?"
José Ángel Valente
Perdonad por dejaros a solas esta tarde,
por daros esquinazo,
por apagar el móvil,
borraros de la agenda.
Preciso caminar por una callejuela
sin gente en los balcones.
Si alguien me saluda le doy la espalda
y rehago el camino tocando las paredes.
Mi único sustento es la cal de las casas,
me la como a puñados como hacía mi madre.
Deseo desnudarme y lo hago con prisas:
me quito la chaqueta, la camisa la parto,
pantalones al suelo, calzoncillos al aire.
Miro mi pene alegre y lo estiro con fuerza:
constato la certeza del placer y la vida.
Ya no me queda nada y sin embargo
hay un peso en el vientre que me obliga
a postrarme.
Me quito las durezas de los pies y las manos
y como no me alivia
me desgajo la piel hasta arrancarla toda
me arranco las arterias
hasta dejar el hueso,
sólo entonces me siento más ligero
me siento tan ligero
que comienzo a danzar por las aceras
moviendo el esqueleto.
Ahora sí, que por fin, la gente me sonríe
y es que las calaveras parecen tan alegres.
Lavo todas mis carnes en la fuente cercana
y me visto despacio de hombre entre la gente
hombre limpio y sincero
que cruza la avenida.
